Los Gentiles en
Relación con la
Venida del Señor
Tercera Conferencia acerca
de la Segunda Venida y el Reino del Señor y Salvador Jesucristo
William Kelly
Todas las citas bíblicas se encierran entre
comillas dobles ("") y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera
Revisada en 1960 (RV60) excepto en los lugares en que además de las
comillas dobles ("") se indican otras versiones mediante
abreviaciones que pueden ser consultadas al final del escrito
Lectura Bíblica:
"Cuando el
Altísimo dio a las naciones su
herencia, cuando separó los hijos del hombre, fijó los límites de los pueblos
según el número de los hijos de Israel".
Deuteronomio
32: 8 – LBA).
Esta notable
Escritura establece una verdad de la mayor
importancia a menudo olvidada ahora pero continuamente asumida a través de la
gran mayoría de las profecías de Dios. El pueblo de Israel es el centro preciso
en el plan de Dios para tratar con las naciones de la tierra. Es un pensamiento
no poco humillante y ofensivo para la mente gentil porque los hombres evidencian
el desprecio latente y el desdén natural que el gentil tiene por el judío
incluso hasta esta hora y a pesar de muchas tendencias opuestas en los días en
que vivimos. Sin embargo en todo lo que Dios reguló o permitió Él mantuvo ante Sus
propios ojos el gran pensamiento rector de que todos los demás pueblos debían
encontrar su lugar de acuerdo con este plan. A la torre del rebaño, fortaleza
de la hija de Sión debía venir el señorío primero. (Miqueas 4; 8). Para Israel
está reservada Su más selecta bendición terrenal si bien ella emanará a todas
las naciones. Por el momento la maligna presunción así como su insubordinación
a Dios lo han frustrado todo pero pronto triunfará la misericordia cuando
llegue el día en que Dios demuestre lo que Él es para Israel a pesar de lo que
Israel ha sido contra Él. Sin embargo esto no es más que una de las formas en
que Dios nos presenta Su pensamiento con respecto a las naciones.
Nosotros encontramos
un cambio de inmensa importancia
que ocurrió en una fecha posterior y Dios no nos ha dejado sin explicación
acerca de los motivos y resultados de este gran acontecimiento. Pero la verdad
aquí revelada registra la primera formación de naciones, pueblos e idiomas
después del diluvio. En Génesis 10 oímos hablar de sus primeros padres o
fundadores. Un nombre de muy solemne importancia aparece ante nosotros desde el
principio, — a saber, el nombre de
Babel. No meramente aparece a partir de esta división de las naciones nacientes
en sus idiomas separados y en sus distintos límites de habitación sino que
reaparece cuando ocurre ese vasto cambio al que he aludido. Se encontrará que
es de mucho interés e incluso de importancia que el creyente comprenda
correctamente la constitución original de las naciones que circundan a Israel
así como la nueva disposición de acuerdo con la voluntad soberana de Dios
cuando Israel perdió públicamente su lugar central. En primer lugar nada puede
ser más claro que la forma en que las Escrituras explican lo que de otro modo
sería perfectamente inexplicable. Ustedes están enterados de que los hombres
están escudriñando ahora con diligencia y de que algunas veces se elogian unos
a otros por la escasa medida de éxito con el que ellos rastrean estas
diferentes nacionalidades. La palabra de Dios lo ha revelado todo para los que
creen. Aquel que escudriña las Escrituras tiene un relato claro, completo y
perfectamente inteligible y no ve en ello un accidente sino el poderoso y sabio
designio de Dios, — también Su juicio al humillar la soberbia del hombre la
cual renovó su tendencia desde el diluvio al igual que en el principio. Ese
principio que despierta tanto el interés de los hombres en la actualidad, a
saber, el poder de unión, fue intentado directamente después del diluvio y los
hombres se reunieron para edificar un testimonio conspicuo y permanente de la
grandeza humana y un vínculo de unión para la humanidad que de otro modo
estaría en peligro de dispersión. Pero la torre que el hombre edificó en su soberbia
y confianza en sí mismo como medio de unidad fue el terreno sobre el cual Dios introdujo
confusión. Debido a que ellos edificaron
una torre para poder permanecer juntos como una sola raza Dios los dividió en
esa división de idiomas y tribus según las varias tierras que Él dispuso en su
propia mente para ellos; y los principales hitos sustanciales del poderoso juicio
de Dios permanecen hasta nuestros días y permanecerán hasta que el Señor
Jesucristo venga, sí, hasta los cielos nuevos y tierra nueva en los cuales mora
la justicia. (2ª Pedro 3: 13).
Ahora bien,
en esta dispersión a la que Dios sentenció
a la raza Israel fue el pensamiento central y por eso es que nosotros encontramos
en Génesis 10 el relato Mosaico de estas diferentes familias según los tres
hijos de Noé. En Génesis 11 sigue a continuación la oculta clave o motivo por
la que Dios trató
así con el hombre; porque ello fue algo
nuevo, un cambio totalmente sin precedentes que ha dejado resultados que el
hombre incrédulo no puede todavía adivinar sino sólo especular acerca de ellos y
perderse en sinuosos laberintos. Para Dios ello no fue un mero trato con la
presunción del hombre sin importar cuán ciertamente esta fue controlada. Existió
también la intención misericordiosa de hacer que Israel fuese el medio de
bendición para estas naciones dispersas de la tierra. Consecuentemente Génesis
12 nos muestra la raíz y el tronco de las promesas a Israel. Hay así un orden
divino muy manifiesto y hermoso en la forma en que estas verdades son
presentadas a nosotros. Entonces aquí está claramente la secuencia moral, — el
surgimiento de idiomas y nacionalidades como consecuencia de un juicio divino,
la explicación de aquello que provocó el juicio; a continuación la revelación
de ese asombroso principio de la gracia divina ya sea para la tierra o para el
cielo, — el llamamiento de Dios al hombre a venir a Él mismo. Consecuentemente
Abraham llega a ser el gran testigo del llamamiento de Dios, el padre de
Israel, que a su debido tiempo también será llamado a salir. Ellos fueron
llamados a salir de Egipto pero en Sinaí prefirieron confiar en ellos mismos
antes que confiar en Dios. Olvidaron Sus promesas dadas a los padres o al menos
el principio de ellas; ellos aceptaron las condiciones de su propia obediencia,
realmente para el bien de ellos y así, como siempre, la historia de ellos llegó
a ser la demostración constante y evidente de toda su maldad. Es la historia
moral de todo corazón; es lo que todos probamos hasta que la gracia humilla el
alma y nos lleva a Dios mediante el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesús. Tal
como sucedió con Israel así sucede ahora con cada hijo del hombre que intenta
entrar en pacto con Dios hasta que el yo es juzgado, y el corazón purificado
por medio de la fe encuentra su descanso y su fuerza en otro, a saber, en
Cristo.
No es mi propósito
seguir la historia de Israel sino
sólo mostrar de manera preliminar el lugar en que las naciones son vistas por
primera vez en la palabra de Dios como circulando alrededor de Israel donde
Dios se complace en manifestar Su presencia en la medida en que ello era
consistente con Sus consejos como habían sido revelados en aquel entonces. La Shekinah
de gloria estaba en medio de ellos oculta detrás de un velo, es cierto; pero
aun así era una manifestación de la gloria divina como ningún otro pueblo
tenía. Dios habitaba en la oscuridad y sin embargo era Dios quien habitaba
allí; y de todos sus privilegios nacionales este no era ciertamente inferior a
ninguno. Dios estaba en medio de Israel pero ellos prefirieron otros dioses. Abandonaron
vergonzosa y sin decoro al Dios vivo que se dignaba estar allí, el Dios de
ellos. No hubo un ídolo vil de las naciones ante el cual ellos no se inclinaran,
ninguno según la figura expresiva de la Escritura con el que ellos no cometieran
adulterio. La consecuencia fue que Dios comenzó a lidiar con la mayor parte de
la nación que ya había rechazado a su rey. Habiendo demostrado ellos mismos ser
rebeldes a la casa real que Dios mismo había elegido para ellos, ellos consumaron
esa rebelión apostatando de Dios el cual después de advertencias que fueron despreciadas
barrió primero a las diez tribus de Israel como una lección muy solemne para
los que quedaron. Pero los de Judá fueron sordos y ciegos a lo que Dios estaba
señalando a través del culpable Israel; y cuando no sólo ellos sino el rey del
linaje de David sólo parecieron competir entre ellos para ver quién sería el
más destacado en la invención de la idolatría y en la degradante imitación de las
naciones cuyos falsos dioses ellos establecían, después de reiterados llamados
y amenazas el Dios verdadero permitió que Babel surgiera una vez más. Era el
mismo sistema de confusión pero ahora en una nueva forma. Babilonia, la madre
de las abominaciones del Antiguo Testamento, la inventora de los ídolos, ¡Babilonia
debía ser el instrumento para ejecutar juicio sobre la idólatra Judá! Al
principio fue una visión extraña pero hubo una profunda sabiduría de Dios en la
elección. El Dios del cielo escogió así a Babilonia de entre todas las
potencias de la tierra para que tuviera un nuevo carácter de dominio nunca
antes poseído. Hasta esa época Israel y Judá habían sido esperados
pacientemente por el Señor de toda la tierra que se había dignado conceder Su
presencia en medio de ellos tal como hemos visto. Hubo un largo curso de
paciencia por parte de Dios por si tal vez el pueblo se arrepentía pero ellos se
volvieron cada vez más culpables e incluso apóstatas, sí, ellos y el rey de
ellos. Toda esperanza había desaparecido. Entonces el Dios del cielo en Su
soberanía levantó a lo peor mismo de los gentiles. La antigua sede del hombre.
— idólatra, ególatra y concentrada en despreciar a Dios era ahora un poder
joven y vigoroso que últimamente se había rebelado contra los asirios y que era
el medio activo para derribar a ese antiguo arruinador de Israel, — Babilonia
fue convocada por Dios al lugar de poder imperial de un imperio mundial.
Hubo una evidente
concesión de poder por parte de Dios
a Babilonia. El imperio de Nabucodonosor tuvo de parte de Dios mismo un fuero
de dominio universal. Él era la cabeza de oro en la imagen que él vio. Comenzaban
los tiempos de los gentiles. (Lucas 21: 24).
Entonces este
es el gran cambio que mencioné. Por
primera vez en la historia del mundo Dios permitió que un rey fuese el monarca
indiscutible del mundo. No es un asunto acerca de hasta dónde avanzó él en sus
conquistas. Todos sabemos que Nabucodonosor fue suficientemente activo en el
Oriente y avanzó hasta tan lejos como hasta Egipto y Palestina; pero Dios le
dio el lugar que otros procuraron en vano. Más de uno había luchado por dicho
lugar pero los varios competidores por él fracasaron uno tras otro. Dios dio el
poder mundial al rey de Babilonia. Las pruebas de esto aparecerán enseguida y
en abundancia y confío en que las almas puedan ver su importancia un poco más
claramente. El primer testimonio que citaré es Daniel 2. En el sueño que Dios
recordó a Nabucodonosor por medio del profeta había una gran imagen. "La
cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su
vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de
hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue
cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro
cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el
barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del
verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la
piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la
tierra". Felizmente no hay ninguna controversia que sea digna de comentar acerca
del significado del sueño de Nabucodonosor. El propio profeta explica que el
rey de Babilonia responde a la cabeza de la imagen. A esa dinastía le siguió
una inferior, no en extensión de territorio sino en el carácter de su poder. En
lugar de tener dicho poder directamente de parte de Dios y utilizarlo como un
solemne fideicomiso para Su gloria ustedes encuentran una serie de consejeros
humanos que interfieren y debilitan el sentido de una responsabilidad directa
para con Dios. Este fue el gobierno persa cuyas características aparecen en
Daniel 6, Ester y Esdras. Luego ustedes tienen el tercer imperio de bronce, el
reino macedonio bajo el bien conocido Alejandro Magno donde hubo un carácter
aún menor de influencia que interceptaba la voluntad soberana de aquel que se
había llamado a sí mismo al trono: no hubo ancianos serios, hombres
acostumbrados a gobernar, sino soldados de fortuna o mercenarios que no
obstante que eran generales inteligentes no se podía suponer que entendiesen
asuntos de estado. Aquí fue evidente el predominio del elemento militar no del elemento
patricio o noble. Además ustedes tienen en el cuarto imperio lo que es bastante
común en nuestros días, a saber, la soberanía fundamentada en la multitud, en
la simple voluntad del hombre y por tanto y obviamente en una mayoría que
podría ser la menos capaz de sopesar todas las dificultades, las sutilezas, los
conflictos de intereses humanos, — es decir, todo lo que se requiere en
legislación o en gobierno. Como sabemos, así fue en el imperio romano que fue republicano
en su origen y debido a eso cada vez más alejado de la idea de que es Dios quien
confiere soberanía al hombre.
Además nosotros
encontramos el sorprendente indicio de
que este retrato del último imperio muestra particularmente en la
interpretación presentada por el profeta un elemento extraño introducido en él.
Ciertamente esto no es de poco interés para nosotros teniendo en cuenta que el
barro es precisamente aquello que indica la mezcla de nuestros antepasados
bárbaros, las hordas salvajes que irrumpieron desde el noreste de Europa trastocando
primero el antiguo imperio romano y luego incorporados gradualmente en él. Obviamente
ellos no estaban libres de la violencia propia de los incivilizados con
nociones salvajes acerca de la libertad humana, de la impetuosidad en el
gobierno y el rechazo apasionado de casi todo tipo de moderación. Por eso a su
debido tiempo y cuando la civilización los moderó surgió el ostentado principio
del constitucionalismo. Los hombres se han preguntado de dónde vino dicho
constitucionalismo pero todo está explicado en la palabra de Dios. Es el
elemento extraño que no pertenecía al imperio en su origen. Por lo tanto es la
introducción del elemento teutónico [véase nota], — unos extranjeros del norte
de Europa y de Asia, — en el antiguo imperio romano y que fue lo que formó la
combinación del pasado con la voluntariedad semibárbara.
[Nota]. Teutones: pueblo de raza germánica
que habitó
antiguamente cerca de la desembocadura del río Elba.
Consecuentemente
esto condujo a un asunto muy
importante que comienza a aparecer en nuestro capítulo (Daniel 2), — a saber, la
fragmentación del imperio en varios reinos separados. Se alude a ello
brevemente pero lo tendremos mucho más plenamente en Daniel 7. Después de describir
la mezcla de barro cocido con el hierro de Roma se dice: "En los días de
estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido".
Ustedes son llamados a prestar su atención a esto, "En los días de estos
reyes". ¿Qué reyes? El profeta había hablado acerca de la imagen que
terminaba en pies y en dedos de los pies y yo creo que no puede haber duda
acerca de que los dedos de los pies de la imagen responden a los cuernos de la
cuarta bestia sobre todo al comparar este capítulo con el séptimo. La demostración
de esto aparecerá directamente. Refiriéndose a los diez reinos separados o a
sus reyes Daniel dice: "En los días de estos reyes el Dios del cielo
levantará un reino que no será jamás destruido". No es correcto aplicar la
expresión "estos reyes" a los cuatro imperios porque
incuestionablemente el Dios del cielo no establece Su reino durante el curso de
estos imperios sino en el estado final del cuarto o último de los imperios. ¿Acaso
no asigna esto el significado a los reyes del dividido imperio romano en su
última fase? Es imposible resistirse imparcialmente a la conclusión.
Yo soy consciente
de que existen los que aplican esta
porción de la interpretación a la introducción del cristianismo en la tierra. Ellos
entienden que ese es el reino que el Dios del cielo estableció. Pero yo pienso
que uno o dos reparos desengañarán a cualquier mente desapasionada de un pensamiento
tal. Es un tema muy importante acerca del cual hay que tener claridad y muchos
cristianos tienen la impresión aludida. Aquellos que lo saben mejor tendrán
paciencia conmigo por un momento si hago una digresión para deshacerme de un
pensamiento tan perjudicial como popular. Ustedes observarán que se supone que
el barro ha entrado en la imagen y que la división se ha producido cuando
leemos: "En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino
que no será jamás destruido". ¿Fue este el caso cuando Cristo nació? ¿Hubo
algo parecido cuando Cristo murió, resucitó, fue al cielo y envió el Espíritu
Santo? ¿Hubo algún cambio concordante con la unión del barro cocido con el
hierro de Roma? Por el contrario, ¿acaso no sabemos claramente por la Biblia, —
y es una gran misericordia que no tengamos que ir más allá de la Biblia para demostrarlo,
— que en aquel entonces no había más que una cabeza del imperio romano (Lucas
2), que el reino estaba intacto y el gobernante era un solo individuo y por
consiguiente "los días de estos reyes" no habían llegado todavía? Por
lo tanto fue hierro y nada más que hierro durante muchos años después que se
estableciera el cristianismo. La importancia del reparo y por simple que este sea
es ésta, — que uno no puede introducir el cristianismo en ninguna parte o
introducir cualquier otra cosa que pueda responder al establecimiento del reino
en aquel entonces.
La verdad
es que aunque el elemento extraño predicho
aquí haya entrado esta división es todavía futura y para una demostración
completa de esto yo debo pedirles que analicen conmigo Daniel 7. No voy a
repasar los primeros versículos que describen los otros reinos pero en los
versículos 7 y 8 leemos: "Después de esto miraba yo en las visiones de la
noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera
fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y
las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que
vi antes de ella, y tenía diez cuernos. Mientras yo contemplaba los cuernos, he
aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron
arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos
como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas".
Ustedes ven
que cada pasaje diferente comunica alguna
verdad adicional de parte de Dios. Nosotros tuvimos una división en el capítulo
2 y aquí no sólo tenemos esa división aún más claramente mostrada sino que
tenemos también otro personaje muy distinto de esos reyes cuya conducta no sólo
trae juicio sobre sí mismo sino sobre todos sus asociados. Todo acerca de lo
cual yo insistiría es que ustedes tienen aquí la cuarta bestia o el poder
imperial y además cuernos separados pertenecientes a esa bestia. Esto denota los
rasgos peculiares de la bestia al final. Los diez cuernos no son reyes
sucesivos sino contemporáneos. En otra ocasión podemos esperar explayarnos un
poco más plenamente acerca del último rey. ¿Qué puede ser más claro que el
hecho de que tenemos aquí el Espíritu de Dios trazando desde el principio hasta
el final el curso del imperio mundial, — que un cierto número de poderes
surgirían y ninguno más? Nadie discute que es un hecho bien conocido que estos
grandes poderes imperiales han surgido y que ningún otro ha sido establecido
desde entonces. ¿Qué declara la palabra de Dios que es el fin? "Una
piedra… cortada, no con mano" es la figura del reino de Dios utilizada en
Daniel 2. El Hijo del Hombre que viene con las nubes del cielo es lo que
corresponde en el capítulo 7. Observen ustedes la acción de la piedra. Ella cae
sobre los pies de hierro y de barro cocido de la imagen. Esta es su primera
operación. No hay ninguna acción para transformar el poder de la imagen; no hay
ninguna introducción de nuevos principios o de nueva influencia moral como para
efectuar un cambio en su carácter. Por el contrario, cae un golpe, — un golpe
decisivo y repentino. La inferencia sería natural y necesaria para una mente
desprejuiciada incluso si la palabra de Dios no explicara que el golpe
significa juicio mediante intervención divina, — la destrucción y la
eliminación del último poder imperial que subsiste en el mundo en aquel
entonces con todos los restos de los imperios que lo habían precedido. ¿Puede un
acontecimiento de un carácter tal ser considerado como secundario? ¿Acaso no es
ello un indicio de la mayor importancia posible para que cualquier alma lo
contemple como algo cercano? Indudablemente los que creemos estamos llamados
por gracia a esperanzas resplandecientes y Dios nos ha abierto el cielo
mostrándonos nuestra porción en Cristo a Su diestra. Pero Él se ha complacido también
en darnos la antorcha o lámpara de la profecía para que alumbre claramente
sobre lo que está a punto de suceder en el mundo. Esto demuestra que en breve
Él planteará el asunto de la tierra; no, es más, — demuestra que Sus manos pronto
se alzarán para golpear porque Él debe ejecutar juicio si se ha de abrir paso a
la bendición. Pero Su juicio no sólo será la destrucción de individuos inicuos
aquí y allá sino un acto público concluyente de juicio divino que tendrá efecto
sobre los más excelsos del mundo y sobre todos sus adherentes. De este modo en
la visión de Daniel 2, "fueron desmenuzados también el hierro, el barro
cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del
verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la
piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra".
Lo que Dios hace ahora en Su reino donde hay fe o incluso profesión cristiana
externa no encuentra expresión aquí. Daniel habla exclusivamente del reino
manifestado de Dios que se expande sobre toda la tierra cuando Su juicio
ejecutado por el Pastor, la Roca de Israel, haya herido al imperio romano en su
condición final. Así, en el capítulo 7 de Daniel, "a causa del sonido de
las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la
bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego".
(Daniel 7: 11). Ello es la ejecución de la venganza de Dios sobre el imperio
romano y sus varios reyes debido a la anarquía blasfema del cuerno pequeño o su
último jefe. El reino del Hijo del Hombre del cual habla el profeta es
establecido para siempre y es mostrado cuando el juicio ha limpiado la escena
de sus horrores.
Una vez que
la mente del creyente se somete a este
hecho revelado pero sencillo, ¡qué torrente de luz es proyectado sobre todo lo
que está en acción en el mundo y lo que le espera! ¡De qué manera ello armoniza
con la gran mayoría de Escrituras que de otro modo el ojo podría pasar
ligeramente por alto! Nosotros tenemos en la palabra de Dios frecuentes
declaraciones acerca de la bendición que Dios tiene reservada para el mundo.
Una de las primeras está en el Libro de Números donde Él jura solemnemente que Él
llenará la tierra con Su gloria. Yo insisto en esto. Entonces, que nadie
suponga que estamos considerando simplemente el aspecto oscuro de lo que Dios
va a ocasionar. La Escritura a la que se hace referencia está en Números 14:
19-23: "Ruégote perdones la iniquidad de este pueblo según es grande tu
misericordia, y según has sido indulgente para con este pueblo desde Egipto
hasta aquí. Y respondió Jehová: Yo he perdonado conforme a tu palabra: empero
tan ciertamente como yo vivo, y como toda la tierra ha de llenarse de mi
gloria: por cuanto todos aquellos hombres que han visto mi gloria y mis señales
que he hecho en Egipto y en el desierto, no obstante de esto me han tentado
estas diez veces, y no han obedecido mi voz, de seguro que ninguno de ellos
verá la tierra que prometí con juramento a sus padres; ni ninguno de los que me
han tratado con desprecio la verá". (Números 14: 19-23 – VM). El lector difícilmente
puede dejar de observar que el mismo texto que presenta a Jehová llenando la
tierra con Su gloria lo coloca en conexión inmediata con la ejecución de juicio
sobre los hombres pecadores. Consideren de nuevo Isaías 11: 4-9. Si tenemos
otra declaración de gloria para la tierra tenemos la misma asociación solemne
de juicio divino con ella, leemos, "juzgará con justicia [el Mesías, que es
evidentemente la persona de la que se habla, — el renuevo de David] a
los pobres, y argüirá con equidad por los
mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el
espíritu de sus labios matará al impío". Luego sigue la bendición
asegurada de la tierra en los términos más ricos concluida con la promesa de
que "la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas
cubren el mar". Además si nosotros leemos Habacuc 2: 13 y 14, la conexión
es, si cabe, aún más clara. "He aquí ¿no está determinado de parte de
Jehová de los Ejércitos, que los pueblos se fatiguen sólo para el fuego, y las
naciones se cansen en balde? (¡Qué justa descripción de lo que ocupa a los
hombres laboriosamente pero en vano!) "¡Porque la tierra estará llena del
conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar!"
(Habacuc 2: 13, 14 – VM), Pero en la inmediata
vecindad tenemos en este capítulo ayes pronunciados, la indicación inequívoca
de juicio divino.
De este modo
el orden en que la Escritura presenta lo
oscuro y lo luminoso para la tierra es abundantemente claro. Dios quiere
bendecir al mundo y llenarlo de Su gloria, no hay duda de ello en absoluto.
Pero, ¿acaso Él no nos ha mostrado también la manera en que va a ser efectuada la
bendición? Él apenas nos deja en duda en cuanto a la respuesta y Él hace esto
por motivos morales. Porque los gentiles habrán demostrado ser tan
completamente inicuos, falsos y apóstatas, juzgados según su responsabilidad,
como vimos que lo era Israel medido por el estándar que Dios les aplica. También
es notable que esto sea lo que ocupa la mente del Espíritu de Dios entre los
dos capítulos que proporcionan el relato profético de los cuatro imperios
(Daniel 2 y Daniel 7), tal como ha sido señalado a menudo aunque puede ser
bueno repetirlo brevemente ahora. El alejamiento de los gentiles fue inmediato
y la historia que sigue a continuación pronto cortó toda esperanza de una mejora
real, es decir, de arrepentimiento. ¿Cuál es la escena siguiente a la instauración
de Nabucodonosor en su lugar de poder indiscutible como el gobernador del
mundo? Lo tenemos erigiendo de inmediato una imagen de oro y enviando un
mandato en el que bajo pena de muerte muy cruel insistía en que los habitantes
de sus vastos dominios congregados allí al menos de manera representativa a una
señal determinada debían inclinarse y adorar el ídolo que Él acababa de instalar.
En una palabra, el gentil utilizó su poder (es la primerísima ocasión que
registra la Escritura) para obligar a sus súbditos a la idolatría bajo pena de
muerte. ¿Es mejor el gentil en los otros capítulos (Daniel 4-6)? Él es visto atribuyendo
toda su grandeza a su propia habilidad: "¿No es ésta la gran Babilonia que
yo edifiqué?". (Daniel 4: 30). Olvidando por completo la concesión de Dios
Nabucodonosor es hecho enseguida un ejemplo por el poder divino; su corazón de
hombre es cambiado y le es dado un corazón de bestia hasta que "siete
tiempos" pasaron sobre él (lo que sin duda proporcionó el motivo por el
cual los imperios fuesen designados "bestias" en el capítulo 7). Luego
viene en Daniel 5 la disoluta soberbia y la profanación de Dios en Sus cosas
santas para presumir de los falsos dioses de las naciones. El juicio cae de
inmediato sobre Babilonia. Finalmente, en Daniel 6 la cabeza del nuevo poder
imperial, el rey Darío, prohíbe que se ofrezca cualquier adoración durante
cierto tiempo excepto a él mismo. ¡Qué tipo tan evidente del objetivo de auto
deificación del poder gentil! Por tanto la palabra de Dios imprime a los
imperios gentiles el carácter y el juicio de ellos desde el principio mismo. Toda
la historia y el final de ellos fueron desplegados desde el principio. Entre
las visiones del segundo y del séptimo capítulo de Daniel tenemos el curso
moral de ellos que requería tal condenación. El carácter puede no haber sido manifestado
en toda su extensión pero se trata del mismo principio; puede haber una diferencia
externa y un gran desarrollo pero Dios lo señaló todo desde el principio y las
Escrituras de verdad nos muestran que así será en definitiva. ¿Y entonces qué?
Dios juzga a los gentiles y establece Su propio reino bajo el Hijo del Hombre.
"Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos,
naciones y lenguas [no una mera elección entre ellos, — como ahora] le
sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que
no será destruido". (Daniel 7: 14).
Pero,
¿dónde está el evangelio mientras tanto? En esta
profecía es totalmente omitido. ¿Y por qué? Porque por muy glorioso que sea el
evangelio este no es un sistema de poder que destruye las naciones rebeldes
sino un despliegue de gracia que une a todos los que lo reciben a Cristo a la
diestra de Dios sean judíos o gentiles. Nosotros tenemos aquí el curso de lo
que fue juzgado en la tierra cuando los cielos gobernaban; pero el evangelio no
tiene nada que ver con el gobierno de los poderes de este mundo. Entonces, ¿Qué
es el evangelio? No es un poder superior del cielo que destruye a todos los
antagonistas sino gracia que reúne a las almas de la tierra al cielo y las
forma por medio del Señor el Espíritu conforme a Cristo tal como Él es visto allí.
Este es el evangelio de la gloria de Cristo fundamentado sin duda en la cruz, —
son las buenas nuevas de la gracia que Dios puede enviar a toda criatura en
virtud de la preciosa sangre de Jesucristo. El objetivo del evangelio es libertar
perfectamente al alma de toda duda acerca de su culpa, limpiar la conciencia,
llevar el corazón y la mente a la comunión con el deleite de Dios en el Hijo de
Su amor. Pero es además la revelación de Cristo cuando Él ha terminado la obra
de redención en la tierra y ha asumido Su lugar en el cielo. Por lo tanto es
evidente que el evangelio es totalmente distinto en su origen, carácter y resultados
de todo lo que nosotros bosquejamos aquí. Sin embargo los hombres todavía
afirman que según Daniel 2 el reino que el Dios del cielo establece es el
cristianismo. ¿Por qué ellos «trabajan para el fuego», si
uno puede decirlo así, para insistir en esta
vanidad? El motivo es obvio. Al hombre le gusta estar activo en el mundo, le
gusta tener algunos grandes objetivos aquí y preferiría tener una religión que
se adapte a la tierra y que se asocie con ella.
De ahí
que el bien conocido sistema del catolicismo
romano gane terreno tan fácilmente en las mentes naturales de cierto carácter
religioso. La catolicidad (del griego καθολικός, «universal») existía antes que el catolicismo romano propiamente dicho
pero el principio de catolicidad de las primeras épocas condujo al papado de
Roma el cual encontró conveniente para sus propósitos el engaño vigente en
cuanto al reino que el Dios del cielo establecería aquí. ¿Por qué fue así? A
decir verdad la cristiandad había caído hacía mucho tiempo de su disfrute
celestial y del testimonio de Cristo. Por lo tanto podía buscar un imperio en
la tierra. Antes de que pasara mucho tiempo la cristiandad se vio plenamente
satisfecha. Todos sabemos
que el imperio romano reconoció finalmente a Cristo de manera externa y los
corazones demasiado dispuestos a creer lo que querían supusieron que ello era
el cumplimiento de esta y de otras profecías por el estilo. De este modo hombres
como Eusebio y otros no tardaron en enseñar la noción de que la visión del
reino de Dios según Daniel 2, etc., comenzó cuando Cristo vino a la tierra y se
completó hasta cierto punto cuando el emperador Constantino y sus sucesores reconocieron
imperiosamente el cristianismo como la verdad en el imperio. Sin embargo la
gran revolución de aquel día, importante como lo fue, está fuera de esta
Escritura como los más claros motivos lo demuestran. Siendo esta una perspectiva
terrenal ella desplaza la gracia celestial de su poder sobre el corazón; y no
siendo ella de Dios permite que se instale algún ídolo relacionado con nosotros
mismos en lugar de ilustrar de qué manera todos los pensamientos y propósitos
de Dios encuentran su real aplicación en el Señor Jesucristo. La verdad es que
así como el pecado sólo delató su carácter completo cuando vino Cristo, así
como la excesiva malignidad de la carne sólo se manifestó cuando Él murió y
resucitó, así también el mundo fue juzgado en aquel entonces en cuanto a principio.
Esto es tan importante para el alma que un error en estos asuntos implica
consecuencias profundamente malas. Puede haber piedad y consagración como las
ha habido en los hombres que conciben que la visión se cumple en lo que está sucediendo
ahora o que sucedió en el pasado. Pero ninguna profecía de la Escritura es de
interpretación privada pues la profecía no puede ser separada correctamente del
hecho de que ella es un elemento del gran total de profecías que testifican del
reino venidero de Cristo. El efecto inevitable es que, dentro de lo que cabe, aparta
el corazón del cielo a la tierra y coloca la criatura en su pequeñez de ahora en
el lugar de aquel enorme poder de Dios que obrará de una manera nueva cuando el
Señor Jesús reine sobre la tierra. Ello impide todo correcto sentimiento moral en
cuanto a las cosas presentes pues se niega a considerar el mundo como un
sistema condenado sobre el cual pende siempre el juicio y está a punto de caer.
Pero por el
contrario si el reino de Dios según la
profecía ya ha sido introducido entonces ver la bendición que fluye a nuestro
alrededor se convierte en un asunto de fe y uno de esperanza de que el monte
llene toda la tierra (Daniel 2: 35), mientras que los que no pueden verlo deben
ser perturbadores de Israel, — meros ismaelitas cuya principal labor es
incomodar al hombre y verter desprecio sobre los esfuerzos de la cristiandad.
Pero si es cierto que el poder mundial nunca ha sido juzgado por Dios hasta
ahora como hemos visto en Daniel 2 y Daniel 7; si se admite que el cristianismo
es otra cosa que no se encuentra aquí sino que se lo encuentra revelado plena y
claramente en el Nuevo Testamento (a cuyas pruebas espero dedicarme en otra
ocasión); si es cierto que Dios en esta profecía revela simplemente los tiempos
de los gentiles, gentiles puestos en un lugar de poder, culpables desde el
primer momento y siguiendo su curso de maldad hasta el final, ¡qué aspecto tan
diferente aparece! Debiese ser recordado que no existía la división en diez
reinos cuando Cristo nació ni cuando Constantino y otros profesaron el
cristianismo. Las hordas de bárbaros del norte y del este de Europa no habían entrado
a raudales en el imperio y no lo habían dividido. Ciertamente nada ha
respondido a ello desde entonces a menos que ustedes imaginen que el catolicismo
romano es el reino que el Dios del cielo establece. Pero los hombres siempre poco
imbuidos del pensamiento de Dios bien saben que no sólo toda la gracia se
centra en Cristo sino que sólo Él es digno de que se Le confíe la ejecución del
juicio. Por lo tanto todo tiende a fijar el ojo y el oído del creyente en Él.
Estén ustedes
seguros acerca de esto, a saber, que uno
nunca conoce realmente cualquier verdad de la Biblia a menos que de alguna
manera u otra uno sea capaz de verla como un reflejo de Cristo o como algo que
contribuye a manifestar el poder de Dios en Él. Consecuentemente esta siempre
lista y única prueba segura de la verdad se vuelve invaluable cuando es
aplicada a nuestro tema. ¿Ha herido Cristo al imperio romano como está descrito
aquí en Daniel 2? En lugar de actuar Él como la "Piedra" victoriosa,
en lugar de herirlo, el imperio romano lo hirió a Él. En el Cristo de la humillación
vemos lo contrario mismo de lo que está descrito aquí. El imperio romano Le
hirió, es más, tuvo la culpa, — no solo, es cierto, sino en conjunto con el
judaísmo apóstata, — de crucificar al Señor de gloria. Al hablar El Señor de Él
mismo como siendo la Piedra en Mateo 21 ha expresado perfectamente y con claridad
y brevedad divinas los dos casos. Leemos, "Y el que cayere sobre esta
piedra [tal como Él estaba aquí en la vergüenza yendo a la cruz] será
quebrantado; y sobre quien ella cayere [cuando Él regrese en poder y gloria],
le desmenuzará". Obviamente no hay ninguna piedra de humillación en la
profecía de Daniel. El primer hecho que es afirmado acerca de la Piedra cortada
no con manos no es el de que la incredulidad tropieza con ella tal como fue
presentada en humilde amor sino que ella cae y hiere a la gran imagen del mundo
en su última fase de poder imperial. No se trata, por así decirlo, de una
piedra que el hombre huella y tropieza; ella viene desde lo alto; ella hiere,
abruma, y sólo entonces se hincha hasta llegar a ser un gran monte y llena toda
la tierra. Entonces, en pocas palabras, Cristo en Su humillación es una piedra
de tropiezo y los que tropiezan con ella son quebrantados. Pero, ¿qué sucede cuando
ella es presentada después? "sobre quien ella cayere, le desmenuzará".
(Mateo 21: 44). El Señor se refiere en estas últimas palabras y sólo en éstas a
la declaración de nuestro profeta el cual deja fuera todo asunto acerca de
tropezar. Sólo tenemos la Piedra que cae y desmenuza. No tenemos una Piedra de
tropiezo en Daniel sino sólo la Piedra de juicio desde lo alto que como su acción
preliminar desmenuza la imagen de tal modo que no sólo desaparecen el barro y
el hierro sino incluso el bronce, la plata y el oro, todos desaparecen. El
hierro y el barro se mezclan para la última forma del cuarto imperio. Las
naciones separadas existen ahora pero no hay tal cosa como la bestia revivida
ni tampoco hay la división final porque todas ellas reciben autoridad por una
hora. (Apocalipsis 17: 12). La bestia es el vínculo corporativo unificador y es
la cabeza que manipula la autoridad de los diez reyes occidentales. Mucho puede
estar preparándose, todo en perspectiva de ello; pero todavía falta este
vínculo de unión bajo un jefe de occidente. Ello está a la espera del
cumplimiento de otros propósitos de Dios.
Tal como sabemos
por 2ª Tesalonicenses hay un
impedimento. Satanás no puede llevar a cabo su plan hasta el momento en que ello
es conocido en la mente de Dios. Sin embargo todo madura cada día para ello y
el deseo de los hombres por esto es manifiesto con independencia de cuán grande
sea su asombro cuando ello se haga realidad. La ambición no carece de
aspiraciones con respecto a ello. El dialogar de los hombres muestra un
presentimiento de ello en sus pensamientos. Los más despreocupados temen lo que
se cierne sobre la tierra. Ese es siempre el caso antes de alguna gran
catástrofe. Los acontecimientos que se avecinan proyectan sus sombras antes.
Esto ha sido siempre y siempre será así hasta que el Señor tome el mundo bajo Su
propio gobierno. Entonces, todo esto sucede pero hay un poder que impide su
cumplimiento porque Dios tiene que consumar otros planes antes de permitir el
clímax final del mal. Pero cuando la apostasía viene y el hombre de pecado se
manifiesta y la bestia sube del abismo el fin de la era está cerca. El poder
divino actuará en juicio y el reino de Dios aparece.
Además la
expresión simbólica, "una piedra fue
cortada, no con mano", no se ajusta en absoluto a la reunión de creyentes
que comenzó en Pentecostés. Considerados individualmente ellos pueden ser vistos,
y lo son, como piedras vivas. (1ª Pedro 2). Pero en su conjunto ellos son
juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2: 22); están
creciendo para ser un templo santo en el Señor (Efesios 2: 21); son el templo
de Dios incluso ahora, la casa de Dios, la iglesia del Dios viviente. (1ª
Timoteo 3: 15).
La "Piedra
o Roca" es asignada a Cristo en
la ley (Génesis 49), como hemos visto en los Salmos (118) y en los profetas
(Isaías 28); y para mí está claro que en Mateo 21: 42-44 que ya hemos
mencionado, nuestro Señor conecta Daniel 2 con el Salmo 118. No necesito añadir
otras alusiones en el mismo sentido que están en los Hechos y las Epístolas
sino que deduzco que ello significa el reino de Dios y del cielo apareciendo en
la persona del Señor Jesús y esto en el juicio del imperio romano. El punto de
contraste con los cuatro poderes mundiales de la imagen en Daniel 2 es su
fuente por encima del hombre, su inmediato derribo judicial de todo el imperio
existente con las reliquias del pasado, su expansión sin precedentes después
del primer golpe destructivo y su perpetuidad en lugar de degenerar en otros
como sus predecesores. Ni una sola palabra aparece aquí acerca de un poder
espiritual que trata con los corazones por medio de la fe, por medio de los
objetivos celestiales, por medio de principios divinos y que extiende así sobre
la humanidad una influencia regeneradora. Hasta ahora la Piedra nunca ha herido
la Imagen y menos aún ha crecido hasta llenar toda la tierra. Daniel 7
contrasta las cuatro bestias que emergen del enorme mar agitado con "uno
como un hijo de hombre" investido por el Anciano de días con el dominio
universal. Unan ustedes las dos cosas y, ¿qué puede ser más sencillo en sí
mismo? ¿Qué sentido puede ser más hermosamente cierto? ¿Qué cosa puede ser más
armoniosa con el alcance general de la verdad de Dios? Con independencia de
cuál sea la forma de existencia que el reino de Dios pudo haber tenido en el
mundo el asunto es aquí el de la intervención del Señor con poder irresistible,
el juicio y la destrucción de las autoridades que hay, y Su posterior reinado
con Sus santos sobre la tierra en poder y gloria.
Yo puedo referirme
brevemente ahora a unos pocos
pasajes más de la Escritura no sólo para mostrar el vasto sistema imperial del
poder gentil juzgado por el Señor cuando Él viene en las nubes del cielo sino para
mostrar que Dios no ha renunciado a Su designio de hacer que Israel sea el
centro de naciones independientes que giran en torno a aquel pueblo. Nada puede
ser más sorprendente que ver la admirable concordancia de los profetas y de
hecho de toda la Escritura. En algunas Escrituras se hace referencia a nuestro
Señor Jesús como el Hijo de David. Se trata de Su gloria mesiánica. Donde este
es el pensamiento Sión (Jerusalén) es la escena revelada de Su reinado, e
Israel es el canal de la bendición que Él difundirá a través de las naciones. A
continuación y cuando los tiempos de los gentiles son introducidos como en
Daniel se abre una escena más lejana. Así como Dios abandona por el momento a
Israel como Su centro de bendición, así como Él levanta el gran imperio
universal, el Señor Jesús tendrá una esfera de dominio que responde a estos
tratos más amplios de Dios. Por lo tanto en Daniel 7 Él no es visto como el
Hijo de David sino como "uno como un hijo de hombre". ¿Y por qué es
así? Porque Él recibe un dominio ilimitado sobre los hijos de los hombres.
"Le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones
y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su
reino uno que no será destruido". (Daniel 7: 13, 14).
De este modo
la más perfecta armonía reina entre las
diferentes porciones de la verdad divina incluso cuando el rechazo de Cristo en
una gloria condujo en la sabiduría de Dios al despliegue de una gloria aún mayor
y superior. Permítanme pasar ahora a algunas Escrituras de los profetas que reiteran
lo que hemos visto en Deuteronomio y en Daniel. En Isaías, en Jeremías, en
Ezequiel, así como en los profetas menores y en los Salmos tenemos mucha verdad
corroborativa. Debido a que es importante tener pensamientos claros acerca de lo
que Dios ha revelado en relación con este tema permitan ustedes que yo me
explaye por un corto tiempo en algunos de los puntos más prominentes. En
Jeremías 3 vemos que el Espíritu de Dios alberga el primer pensamiento al que
hemos aludido. Israel aún es visto como siendo el centro terrenal de Dios para
la bendición de las naciones. "Acontecerá que cuando os multipliquéis y
crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del
pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la
echarán de menos, ni se hará otra. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono
de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en
Jerusalén". (Jeremías 3: 16, 17). ¿Cree alguna persona imparcial (por no
decir instruida) que ha habido el menor acercamiento a un cumplimiento de esta
profecía? Presten ustedes atención al momento en que Dios la dio, — a saber, no
antes de los días de David y Salomón sino después de que Israel había sido
dividido y la gran mayoría de las tribus había sido llevada a la cautividad;
cuando Judá que aún quedaba estaba cayendo en el peor abandono posible de Dios estando
inundada de ídolos aún más que Israel. Por lo tanto ello fue después del mal
desarrollado de Israel y de Judá también. La predicción supone el hecho de la
cautividad babilónica que entonces era inminente debido a la idolatría. Sin
embargo Dios predice por medio de Su siervo un tiempo tan glorioso que ningún
período de gloria en el pasado sería comparable con el que estaba por venir.
Pero yo no me refiero a esta Escritura ahora para mostrar la futura bendición
de Israel sino para mostrar que la primera visión de los gentiles que he procurado
presentar esta noche supone que Israel será bendecido y desconoce toda
esperanza de una buena época para el mundo en general excepto a través de
Israel restaurado y regenerado. Por eso aquí se dice que Jerusalén será llamada
"Trono de Jehová" y que "todas las naciones vendrán a ella".
Y podemos preguntar, ¿Dónde ha habido la más mínima realización de esta
promesa? Si alguna vez algunas naciones vinieron a Jerusalén hasta el presente ello
fue para desolar y hollar a los judíos de antaño o para destruirse unos a otros
desde entonces. Nuestro Señor mismo nos ha dicho que Jerusalén "será
hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se
cumplan". (Lucas 21: 24). Pero aquí se trata del tiempo de Israel; aquí
viene la bendición de Jerusalén y no la subsistencia de los tristes días de la
supremacía gentil. Todas las naciones vendrán "en el nombre de Jehová en
Jerusalén", y no por vanos enfrentamientos entre la Cruz (el Cristianismo)
y la Media Luna (el Islam). No se trata del evangelio pues su dirección es
precisamente la opuesta. El mensaje de la gracia está siendo difundido ahora a
los gentiles, a todas las naciones a través del mundo. Aquí se trata de la
reunión de las naciones a un centro terrenal, — a Jerusalén.
¿Desprecia
alguien esto como siendo un pensamiento
bajo e indigno de Dios? ¡Oh, qué abuso de la bendición celestial! Ciertamente
ser bendecido con Cristo en el cielo es infinitamente superior, más dulce, más
hermoso, más santo que cualquier gloria que concierne a la tierra. Pero, ¿voy yo
a negar la maravillosa palabra de mi Dios acerca de que Él tiene la intención
de bendecir a este mundo? ¿Voy yo a defraudar en algo al Salvador que ha muerto
por nosotros, que nos ha acercado a Dios y que nos tendrá en el cielo junto a
Él? ¿Acaso he de decir yo que la voluntad del Padre no será hecha en la tierra
como en el cielo? ¿No he de orar esta oración con el espíritu y también con el entendimiento
en lugar de reducirla a una forma desconocida y sin significado? Todo aquel que
niega que la tierra va a ser bendecida, que la creación va a ser libertada de
la maldición bajo la cual ahora gime, que las naciones tengan la gloria del
Señor llenándolas y llenándolos a ellos mismos y por lo tanto compartiendo
estas preciosas bendiciones con Israel, lo excluye o al menos ignora su
significado. Jerusalén va a ser en aquel entonces el trono de Jehová. Ah, si es
digno de Dios, adecuado a Su gracia y debido a Su Hijo, el hecho de que Él muestra
misericordia al más vil de los pecadores ahora, ¿Le restará gloria o disminuirá
Su gracia el hecho de que Él derrame Su misericordia sobre la tierra, — si Él hace
que incluso esa ciudad culpable sea una ciudad santa no sólo de palabra sino de
hecho y en verdad? Llegará el momento en que Aquel que vio y lloró por su creciente
iniquidad y fue el heraldo de juicios a los gentiles será la bendición eterna y
sin obstáculos de Jerusalén para que las naciones también puedan ser bendecidas.
¿No es éste el pensamiento consolador que es presentado aquí? ¿Acaso no es
predicha aquí una copa llena de gozo para Jerusalén, para que todas las
naciones puedan compartirla? No es que ellas estarán en el mismo nivel ni que
disfrutarán de la misma medida de bendición; pero ciertamente ellas vendrán a
Jerusalén para ser bendecidas allí.
Por
otra parte y sin explayarme esta noche en ninguna
profecía en particular permítanme referirme a una muy impactante en la profecía
de Ezequiel. Nosotros veremos que los elementos necesarios para su cumplimiento
han sido sacados a relucir por Dios de manera muy notablemente en los últimos
dos o tres siglos. (N. del T.: el autor se refiere aquí a los siglos 17-19). La Escritura
que está en mis pensamientos es Ezequiel capítulos 38 y 39. Permítanme sin
embargo hacer una observación antes de entrar en ella. En Jeremías y Ezequiel
no tenemos nada en absoluto acerca del nuevo sistema de los grandes imperios
del mundo. Jeremías se ocupa más particularmente de la iniquidad moral, de la
idolatría de Judá y nos muestra también la restauración final del pueblo y la
bendición de ellos, — particularmente la que Dios llevará a efecto cuando Él escriba
Sus leyes en sus corazones. Jeremías omite todo lo que sobreviene tal como lo
hace Ezequiel de otra manera. La principal diferencia es que este último no
hace que la condición moral del pueblo tenga el primer lugar y luego la
bendición espiritual al final, los grandes puntos, por así decirlo, de su
profecía. La tarea principal de Ezequiel es acerca de la manifestación de la
gloria de Dios en Israel. Por eso él comienza en los primeros capítulos con los
seres vivientes los cuales abandonan finalmente el templo, la ciudad y la tierra.
En los últimos capítulos ellos
son vistos volviendo a morar allí para
siempre cuando Jerusalén sea "Jehová-sama" ("Jehová está allí", Ezequiel
48: 35). Por lo tanto en este profeta tenemos
lo contrario de lo que tenemos en el Libro de Daniel el cual nos presenta
exactamente lo que hay entre los dos puntos. En los cuatro sucesivos poderes imperiales
de los gentiles no existe un hecho tal como la gloria gubernamental de Dios
manifestándose en la tierra. Ella había existido hasta el tiempo de la
cautividad en Babilonia y existirá nuevamente cuando Israel sea restaurado e
instalado en su propia tierra una vez más. Pero entre esos puntos distantes sobrevienen
los tiempos de los gentiles los cuales aún continúan. Mientras tanto el
cristianismo también entra pero esto pertenece al Nuevo Testamento: es el
misterio de Cristo y la Iglesia y está oculto en lo que respecta al Antiguo
Testamento.
Además, en Ezequiel 38 tenemos
estas palabras: "Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog,
príncipe soberano de Mesec y Tubal". Así como Gog es el nombre de este destinado
líder de los gentiles en el norte y en el oriente y en el sur así tenemos
descrita su tierra como la tierra de Magog. No hay duda de que esta tierra
lejana significa lo que los antiguos llamaban Escitia, lo que ahora está
incluido bajo las vastas posesiones europeas y asiáticas del imperio ruso. Pero
además hay una evidencia confirmatoria en los nombres de varias razas y se
trata de un hecho que está algo oscurecido en nuestra versión de la Biblia;
pues es bueno observar que la expresión, "príncipe soberano de Mesec y Tubal",
debe ser, "príncipe de Ros, de Mesec y Tubal" (Ezequiel 38: 2, 3 – JND,
LBA, SPTE, VM). La palabra "Ros" no es sólo un apelativo común que
significa cabeza o jefe sino el formal nombre hebreo de Rusia o de los rusos en
cuyo sentido los nombres formales que siguen a continuación demuestran que ello
debe ser entendido aquí. Tampoco se trata del mero recurso de los intérpretes
modernos después de que los acontecimientos señalaran el camino. La versión más
antigua del Antiguo Testamento es la Septuaginta o Biblia Griega de los Setenta
la cual ratifica el sentido que acabamos de mencionar. Es bien sabido que ésta
es la versión que nuestro Señor citó y que los apóstoles utilizaron muy
frecuentemente. En este caso la traducción es sencilla, natural y clara. El
significado de la profecía es que un cierto príncipe surge bajo el nombre (tal
vez el nombre místico) de Gog en cuanto a lo cual no se insiste aquí en ninguna
teoría ni se aventura alguna. De la tierra de Magog o antigua Escitia viene
este príncipe de ciertas razas: los rusos (Ros), los moscovitas (Mesec) y los
habitantes de Tobolsk (Tubal). Este personaje movido por la codicia territorial
y especialmente por la Tierra Santa va a dirigir innumerables fuerzas de
seguidores armados contra la tierra de Israel al final pero para su propia y
total destrucción bajo el juicio divino. Ahora bien, si nosotros nos remontamos
a los tiempos de Ezequiel, ¿qué podía ser menos buscado que la delineación de un
poder tal? ¿Y qué puede ser de más profundo interés para nosotros ahora? Tal
vez no habría, no debiese haber la misma confianza si esto fuera simplemente un
descubrimiento del significado del profeta confinado a nuestro propio día. Obviamente
no se trata de que esto falsifica la profecía pues sus palabras inspiradas
serían igualmente ciertas si ningún traductor o intérprete hubiera presentado
el justo sentido antes de que Rusia comenzara a desarrollarse y a ambicionar.
Pero cuando nosotros vemos que esa es la simple fuerza de esta Escritura, cuando
recordamos que la versión más antigua del pasaje es la mejor (una versión, la Septuaginta,
realizada unos 150 o 200 años antes de que nuestro Señor viviera en el mundo),
cuando tenemos en cuenta que no sólo en la época del profeta y de los
traductores griegos sino durante mil años después de estos últimos las razas
que ahora componen los elementos propiamente rusos del imperio apenas estaban
más allá de ser bárbaros errantes, ¿acaso no son la mano y el pensamiento de
Dios muy evidentes? No había la más mínima apariencia del surgimiento del
gigantesco poder que está continuamente absorbiendo en el Oriente; que reclama
igualdad al menos con los mayores poderes del imperio romano; que amenaza
también en relación con la Tierra Santa. Durante unos dos o tres siglos nosotros
sabemos que los rusos han acariciado, religiosa y sistemáticamente el esquema
de agresión y progreso ilimitados; que sus planes están formados sobre el
pensamiento de poseer el Oriente para sí y así intimidar al Occidente; y que
siendo un poder no menos supersticioso que agresivo está peculiarmente deseoso
de conseguir y afianzar un carácter sagrado mediante la adquisición de la
tierra consagrada por la vida y la muerte de nuestro Señor. Sería extraño que
todas estas consideraciones no confirieran a la profecía y a las razas una duda
con una gravedad excesiva más aún cuando los días y el efecto de cada visión están
cerca. El hecho de que estos pensamientos sean expuestos como una verdad revelada
y confío también que de forma clara no se debe en absoluto a ningún
acontecimiento que haya ocurrido últimamente en el mundo. Es bien sabido que
las mismas verdades han sido sostenidas y enseñadas mucho antes de que
existiera la reciente disputa acerca de los lugares sagrados o cualquier conflicto
en el Oriente. Sin embargo nadie puede negar ni yo deseo debilitar el carácter
confirmatorio de lo que ha sido presenciado allí.
Pero presten ustedes atención a
otra cosa. Esta es una potencia (Gog) totalmente ajena al imperio romano y es
más, ajena a todas las antiguas potencias imperiales. Es un imperio enteramente
para sí mismo que mezcla singularmente la barbarie con la civilización y la
fuerza ruda con la política sutil; sin duda caracterizado por el ansia de
engrandecimiento territorial y sobre todo anhelando el dominio en Tierra Santa.
Si los hombres quieren confirmar la palabra de Dios en su claro y sencillo
significado el transcurso del tiempo no hace más que sacar a relucir los rasgos
que concuerdan muy claramente con la predicción y prepara el camino para la
lucha final. Ninguna mente desapasionada puede decir que esta parte de Ezequiel
se haya cumplido todavía. Gog, sus huestes y aliados descienden cuando Israel
(más o menos representado) está en su tierra. Los capítulos anteriores (Ezequiel
36 y 37) también señalan a esto claramente. De este modo Ezequiel 36 no sólo presenta
una visión de Jehová trayendo de regreso a Su pueblo a Palestina sino actuando misericordiosamente
en sus almas, — conforme a la figura, esparciendo sobre ellos agua limpia,
cambiando sus corazones de piedra por un corazón de carne, y poniendo Su
Espíritu dentro de ellos. (Ezequiel 36: 24-28). La relevancia de todo esto es
incuestionable o al menos no debería ser puesta en duda, a saber, Dios
restaurará a Israel y los convertirá en la tierra. A continuación, en Ezequiel
37 tenemos una nueva figura del poder y la misericordia de Dios en favor de
ellos bajo la figura del valle de los huesos secos y luego bajo los dos palos emblemáticamente
juntados en uno solo. El Espíritu sopló sobre los huesos secos de modo que creció
la carne y posteriormente entró espíritu en ellos y estuvieron sobre sus pies
como un ejército grande en extremo. Esto es explicado divinamente para
significar el renacimiento de toda la casa de Israel y el regreso de ellos a la
tierra. Pero era necesario algo más. ¿Qué sucede con la unión del pueblo
largamente dividido, con la nacionalidad de Israel como doce tribus? La
respuesta es presentada en el mismo capítulo bajo el símbolo de los dos palos
juntados en uno solo de aquí en adelante. El Espíritu de Dios no deja espacio
para duda o especulación. El significado es este, a saber, que Israel y Judá son
unidos como un solo pueblo bajo una sola cabeza que se llama figurativamente
"David", el amado, el rey de ellos. ¿No es evidente que todos estos
capítulos coinciden con toda la bendición del día postrero para Israel y los
gentiles y no para la Iglesia? Dichas bendiciones suponen una nueva acción de
Dios que la tierra aún tiene que esperar en la que Él traerá de regreso, luego
convertirá, y después de eso juntará a las tribus de Israel como tales bajo un
Rey amado que difundirá y asegurará la bendición divina a través de Su pueblo y
como sabemos por otras partes de la Escritura a través de todas las naciones de
la tierra. Parecería que al comienzo de este mismo trato de Dios y cuando
Israel, al menos en parte, está en su tierra, Gog desciende sobre ellos viendo
la tierra desprotegida por los armamentos comunes de guerra. Él considera que
es la oportunidad más justa para consumar por fin su plan largamente
acariciado. No tiene fe en la realidad de la presencia de Dios y la protección de
Dios a Su pueblo. Pero él desciende para su propia e irreparable ruina. Esto está
descrito más plenamente en la última parte de Ezequiel 38 así como en el
capítulo siguiente. No necesitamos dilatarnos en los detalles. Pero como un
seguimiento adicional de la profecía y con el propósito de llevar a las
personas a escudriñar la palabra de Dios más que a decir mucho acerca de ella
ahora yo me referiría al importante hecho de que la gloria que se había
marchado hacía tanto tiempo regresa (Ezequiel 43, 44) a la tierra y reasume su
lugar en Israel sólo que de una manera infinitamente más bienaventurada.
(Compárese también con Isaías 4). Todo esto proporciona las pruebas más
evidentes de que está en perspectiva una época futura de bienaventuranza, — a
menudo prometida pero que cuando llega supera toda expectativa, si es que no
supera también las promesas mismas.
Antes de concluir permitan
ustedes que yo mencione una profecía más hacia la conclusión del Antiguo
Testamento. Nosotros tenemos algunos asuntos de notable interés en la última
parte de Zacarías. En Zacarías 11 el rechazo del Salvador es predicho y luego por
una de esas transiciones tan características de la Escritura tenemos a otro que
no es el verdadero Pastor sino uno designado como el pastor inútil. "He
aquí", dice Jehová, "yo levanto en la tierra a un pastor que no
visitará las perdidas, ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada, ni
llevará la cansada a cuestas, sino que comerá la carne de la gorda, y romperá
sus pezuñas. ¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! Hiera la espada su
brazo, y su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será enteramente
oscurecido".
(Zacarías 11: 16, 17). ¿Quién es aquel que lee las Escrituras con un ojo
inteligente y puede dejar de ver que así como primero tuvimos a Cristo
despreciado al final tenemos al Anticristo? El Buen Pastor fue rechazado, —el
pastor malo es aceptado. Inmediatamente después Dios trata de forma retributiva
a Su pueblo culpable. En el capítulo siguiente (Zacarías 12) tenemos a las
naciones reuniéndose contra Jerusalén. La recepción del Anticristo como secuela
del rechazo del Cristo es el motivo de los terribles juicios de Dios. Pero se
añade: "En aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los
pueblos". Si las propias naciones se reúnen y Dios las utiliza para tratar
con Jerusalén Él volverá Su mano y utilizará a Jerusalén para tratar con las
naciones. El hacha no se gloriará contra el que con ella corta. (Isaías 10:
15). Hay un doble proceso en marcha. Es el tiempo del juicio universal de los vivos
pero si Él castiga a los judíos ciertamente las naciones no quedarán impunes: "Porque
dentro de todavía un brevísimo tiempo se habrá cumplido mi indignación y mi ira
en la destrucción de ellos". (Isaías 10: 25 – VM). Pero la parte de
Jerusalén es notable porque claramente no se trata sólo de idolatría sino de
Cristo despreciado y crucificado. Sin embargo no fueron sólo los judíos los que
rechazaron a Cristo sino también las naciones. De modo que habrá un motivo
doble para la ejecución del juicio Divino al final, — idolatría y el hecho de
recibir, "No a éste, sino" al Anticristo. Los gentiles compartirán
con Israel en ambos aspectos. Hay alguna diferencia en cuanto a esto con las
naciones como de hecho la hay entre las tribus de Israel que no necesitamos
detenernos a discutir particularmente ahora. Basta decir que todas las naciones
están aquí reunidas en hostilidad contra Jerusalén y este es el lenguaje en que
el Espíritu de Dios lo expresa, "Y librará Jehová las tiendas de Judá
primero, para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no
se engrandezca sobre Judá. En aquel día Jehová defenderá al morador de
Jerusalén". (Zacarías 12: 7, 8). ¿Se ha cumplido ya esto o algo parecido?
¿Qué ha ocurrido desde Zacarías? La profanación de Antíoco, el asedio de Tito,
y cosas por el estilo. ¿En cuál de estos acontecimientos o en qué ocasión desde
entonces libró Jehová a Jerusalén y a sus habitantes? Nunca ha habido la más
mínima aproximación a un cumplimiento. Avanzando en la lectura se nos dice que,
"En aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren
contra Jerusalén". ¿Entonces qué? ¿Ha fallado la profecía? Ni por un
momento. La profecía supone que los judíos regresaron y por lo tanto aún no se
ha cumplido, obviamente. La conclusión es igualmente sencilla y cierta; ella
aún debe cumplirse. Entonces presten ustedes más atención. No se trata
solamente del hecho de que hay una gran ejecución de juicio divino amenazado
sobre todas las naciones lo cual no se ha producido todavía sino que Jehová
dice aquí (versículos 10 y 11), "Y derramaré sobre la casa de David, y
sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a
mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito,
afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá
gran llanto en Jerusalén". Hasta ahora todo lo contrario de esto ha sido
cierto acerca de Jerusalén y de los judíos. Estos versículos hablan de una
escena futura en todas sus partes y con genuinas marcas de singularidad porque
aunque aquel día se inicia con nubes y tinieblas no obstante surgirá un Sol de
gloria que nunca se pone. Cuando llegue aquel día resplandeciente, — el día de
Jehová y no de los hombres, — habrá una poderosa acción del Espíritu Santo y
como es siempre el caso cuando Dios actúa en los hombres no es sólo el corazón
el que es conmovido y los afectos los que son despertados hacia Él y hacia todo
lo que es bueno sino que en la medida que la gracia trata con hombres pecadores
habrá un verdadero y profundo arrepentimiento, un verdadero examen del alma,
una apropiación del pecado y dondequiera que sea así ello es individualmente
sentido y confesado. Cada uno está a solas con Dios. Si nosotros aseveramos la
verdad de Dios en cuanto a estas magníficas escenas del día postrero cuando
Dios tratará con los judíos y con las naciones, que nadie suponga ni por un
momento que Él renunciará a Su reivindicación personal sobre el corazón y la
conciencia del hombre. Es indudable que habrá un trato universal con judíos y
gentiles y sin embargo, después de todo, ¡de qué manera la poderosa obra del
Espíritu de Dios individualiza y cuán necesariamente es ello! Porque tal como
leemos no sólo en aquel día habrá un gran luto en Jerusalén sino que se añade:
"Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa
de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán
por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Leví por sí, y
sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí;
todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí". (Zacarías
12: 12-14). Las relaciones más cercanas no interferirán en lo más mínimo con el
llamamiento de Dios cuando cada alma, por así decirlo, estará en pie ante Él en
conciencia y aunque ellas sean llevadas al gozo ello será ciertamente para gozarse
con temor. Tal será en aquel entonces la obra escudriñadora del Espíritu en los
judíos.
Además presten ustedes atención a
cuán evidentemente se trata de una escena futura. Tenemos a los descendientes
de David y a los de Natán separados. ¿Quién puede distinguir la descendencia de
David o la de Natán? Es precisamente lo que los judíos no pueden resolver. Sus
genealogías se han perdido, — estos registros no existen. Ellos pueden formarse
nociones indeterminadas aquí y allá pero no pueden saberlo con certeza. Pero
éste será un día en el que de parte de Dios reaparecerán las cosas secretas ya
que es el día en que el Espíritu de Dios provocará un cambio en la conciencia
del hombre. ¿Acaso no es este siempre el caso cuando la gracia actúa realmente?
Pero ¡cuán maravillosa es la escena cuando en medio de esa poderosa obra de
liberación Dios tratará con la conciencia! Habrá quienes deriven su linaje del
gran rey David y otros también que aducirán parentesco con el profeta que convenció
a David de su pecado; pero ya sea la familia del rey reprendido o la del
profeta reprensor en aquel día no habrá diferencia alguna. Los descendientes de
ambos estarán allí pero están igualmente postrados en presencia de la gracia de
Dios y de un Mesías traspasado. Cada uno confiesa su pecado. Con independencia
de cuál haya sido la distinción en sus antepasados en la maravillosa escena de
David y Natán no habrá "ninguna diferencia" en el día futuro en
cuanto a sus descendientes; todos sienten su pecado, — cada uno reconoce su
pecado ante Dios. Por otra parte en las primeras horas de la historia de Israel
hubo otra escena cuando dos jefes de casas o tribus de Israel se unieron en una
cruel vindicación de su agraviada hermana e hicieron que el nombre de Jacob
fuese abominable entre los habitantes de la tierra en lugar de ser una luz
atractiva para las naciones de la tierra. (Véase Génesis 34). En este día los
hijos d Simei [Simeón] y los hijos de Leví estarán allí; pero estarán allí para
dar cuenta de su vileza, — para lamentar y llorar a causa de sus pecados ante
el Señor, — cada uno por sí, y sus mujeres por sí.
Hay algún corazón que quiera
borrar este bienaventurado y conmovedor testimonio de la fidelidad de Dios para
con Su pueblo y de las maravillas que Su misericordia obrará aún para Israel?
¿Pensamos nosotros en enriquecernos tomando todo lo de ellos para nosotros? A
decir verdad cuando los hombres lo hacen ello no sólo es robar lo que es el
propio don de Dios, prometido, por así decirlo, a Israel, sino que por una
justa retribución ellos impiden también la bendición de los gentiles.
En Zacarías 14 las naciones
reaparecen una vez más y Jehová sale a la cabeza de Su pueblo y las derrota. Puede
parecer que al principio las naciones tienen éxito. Ellas toman Jerusalén y la
mitad de la ciudad va al cautiverio pero sin embargo las naciones son vencidas
para siempre inmediatamente después. ¿Cuándo ha habido la más tenue apariencia
de cumplimiento de esta profecía? Pero hay más que esto. Se dice que en ese día,
"Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos". (Zacarías 14: 5).
¿Se ha cumplido también esto? Más aún, como para confrontar los pensamientos
del hombre y como para sellar los sueños del racionalismo con una evidente
necedad Dios no dejará el monte de los Olivos sin una demostración eterna de
que el Hacedor del cielo y de la tierra es aquel Glorioso cuyos pies están allí
en ese día. ¿Ha sido partido el Monte de los Olivos ahora? Es evidente que no.
¿Qué pueden ustedes pensar acerca de ello mediante la así llamada
interpretación espiritual? Absolutamente nada. Con independencia de quién o qué
sean ustedes yo estoy seguro de que el misticismo falla, y aquí es donde debiese
confesar su error con vergüenza. El monte no partido se levanta para condenar
esas falsas interpretaciones y es un silencioso testigo permanente de que la
profecía no se ha cumplido todavía y este hecho declara ante Dios y ante los
hombres que la profecía espera su cumplimiento. Cuando Jehová venga a cumplirla
el monte se partirá y habrá un valle muy grande entre los segmentos del norte y
del sur. Ustedes que inadvertidamente quieren hacer que esta profecía sea de interpretación
privada sopesen el hecho que está ahora ante nosotros. ¿Pueden ustedes, por así
decirlo, hacer que el monte de los Olivos sea algo abstracto, etéreo? ¿Pueden
ustedes convertirlo en un mito? Imposible. Dios condesciende a indicarlo en un
mapa, por así decirlo, para que no pueda haber error alguno. Él se complace
incluso en dar la posición geográfica del mismo (versículo 4) como para exponer
y refutar todo ese misticismo para siempre. Luego tenemos los efectos de la
aparición del Señor sobre el monte de los Olivos. No sólo las naciones son
derrotadas sino que además, "será un día, el cual es conocido de Jehová,
que no será ni día ni noche; pero sucederá que al caer la tarde habrá luz".
(Zacarías 14: 7). En lugar de que el día suceda a la noche como siempre ha
sucedido antes en la historia del mundo, cuando uno podría esperar la noche seguirá
habiendo luz de día. Habrá una interrupción excepcional del cambio normal de
día y noche indicando la presencia de Dios el Señor del mundo. Uno siente cuán
correcto es que así sea. ¿Cómo podría ponerse el sol, por así decirlo, si el
Señor ya no está oculto sino que ha venido en Su gloria? "Acontecerá
también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas
hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en
invierno". (Zacarías 14: 8). Nosotros tenemos en esto la señal del refrescante
poder fecundador que sale a la masa del pueblo, incluso a los más desesperados,
y esto independientemente de los tiempos y las ocasiones de allí en adelante.
"Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y
uno su nombre". Está también el testimonio de la autoridad de Dios en lo
que Él hará. Él juzgará a las naciones que no suban a Jerusalén. (Versículos
12-19). Si el mundo ha de ser bendecido no puede ser a expensas de Su honra o
de Su elección soberana de Jerusalén como metrópoli y santuario de la tierra. (Versículos
20, 21). Consecuentemente Jehová muestra las señales inequívocas de Su futuro
día para la tierra, un día insólito. Si es perfectamente cierto que todo esto
no se ajusta al tiempo anterior o posterior al primer advenimiento de Cristo, ¿acaso
no es evidente que ello debe referirse a la época que sigue a Su segundo
advenimiento? Además, ¿no es igualmente claro que ello no puede ser Jehová el
Señor destruyendo al final la tierra y los cielos que existen ahora? ¿Acaso no
hemos visto que Él es el Rey en ese día y que las bendiciones emanan desde
Jerusalén? ¿No tenemos incluso señales geográficas como para ahuyentar toda
tendencia a una mistificación de las
Escrituras? Esto no es una escena alejada de esta actual creación; no es
posible decirlo con respecto a los cielos sino sólo con respecto a la tierra.
Se admite plenamente que nuestro lugar estará en lo alto con el Señor pero,
¿qué motivo es este en contra de que el Señor tenga también el trono de Su
padre David en la tierra (Isaías 9), o para que Él la llene del conocimiento de
la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar? (Isaías 11) Y así lo
encontramos aquí: "Toda la tierra se volverá como llanura desde Geba hasta
Rimón". (Zacarías 14: 10). "Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de
Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las
gentes; y su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que
Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún
quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas
del mar. (Isaías 11: 10, 11). No se trata de la tierra disuelta, no son los
elementos que ardiendo serán desechos (2ª Pedro 3: 10), sino de que la tierra
es ahora bendecida como nunca lo ha sido desde que cayó sobre ella la
maldición. El lenguaje de la Escritura es tan preciso como el de un mapa. Cuán
evidente es que no se trata de la época en que todas las cosas arden, cuando
todo punto de referencia desaparece necesariamente. El caso es completamente lo
contrario. Los lugares bien conocidos que todo israelita atesora en su memoria
son hallados una vez más, sólo han desaparecido las marcas de la desolación; ya
no aparecen las señales de la opresión gentil sino la bendición de Dios el
Señor dada al pueblo de Su elección, compartiendo toda la tierra la alegría y
la paz de ese día.
Pero no más acerca de este tema
excepto para recomendarlo a la atención de ustedes. Implica necesariamente espantosos
juicios sobre los gentiles pero
como hemos visto Jehová en medio del juicio se acuerda de la misericordia.
(Habacuc 3: 2). En ese día Él derriba el mal solemnemente y sin misericordia
pero también Él difunde innumerables bendiciones para aquellos que son
perdonados en la tierra ya que Él habrá llenado el cielo conforme a los
consejos de Su propia voluntad y para alabanza de Su gloria.
William Kelly
Traducido del inglés por: B.R.C.O. – Diciembre
2022
Otras versiones de La Biblia
usadas en esta traducción:
JND = Una traducción del Antiguo
Testamento (1890) y del Nuevo Testamento (1884) por John Nelson Darby al Inglés.
LBA = La Biblia de las Américas,
Copyright 1986, 1995, 1997, 2000 por The Lockman Foundation, Usada con permiso.
SPTE = Versión de la Septuaginta
al español, PBRO. GUILLERMO JÜNEMANN BECKSHAEFER, Versión directa del Griego,
Hebreo y Arameo. Según los mejores códices:Vaticano, Sinaítico, Alejandrino y
sus mejores ediciones.
VM = Versión Moderna, traducción
de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166
PERROY, Suiza).